Teosofía andina
La teosofía andina es un conjunto de rituales y creencias esotéricas que se practicaban en las religiones wakanistas y pachaqamanistas de las épocas prehispánicas. Gran parte de las prácticas se están descubriendo o son desconocidas al haberse perdido parcialmente durante la conquista española, o debido al alto grado de secretismo y ocultismo que manejan los sacerdotes, chamanes, curanderos, etc. En este artículo se busca compilar y explicar la mayoría de prácticas y creencias existentes a las que se tiene acceso modernamente, aunque la mayoría permanece cerrada entre los círculos más conservadores de las familias de brujos y magos en lo más denso de los Andes.
Los antiguos andinos reconocían a un Dios creador supremo, al cual llamaban Pachacamac. Este ser era desconocido, ya que no se posee registro de su forma; no se solía mencionar su nombre en voz alta, y tampoco se construían templos ni se hacían sacrificios para adorarlo, sino que se le adoraba en el interior del corazón, es decir, mentalmente. Es posible que la religión antigua de los Andes haya sido monoteísta, o cuanto menos, henoteísta o monolatrista, al posiblemente carecer de cultos a dioses diversos antes de la institucionalización de las huacas, y estos haber permanecido solo como espíritus locales. Esto se respalda al observar la falta inherente de ídolos o de diferentes panteones de dioses en la mayoría de templos antiguos, además del esporádico culto a la luna, el sol o las estrellas, junto con los antepasados, etc.
En las prácticas más antiguas se consideraba que la espuma del mar era el elemento animador del universo, junto con el agua en general. Es posible que el nombre mismo de Wiracocha signifique espuma de mar, y se haya malinterpretado como el dios creador, siendo este último el Pachacámaq. De esta manera, habrían sido creados cuatro niveles de la existencia:
Hawa pacha, el mundo oculto.
Hanan pacha, el mundo de arriba.
Kay pacha, el mundo del medio.
Uku pacha, el mundo de abajo.
Estos niveles se simbolizan por círculos concéntricos o por la representación de los tres mundos visibles. La información del cuarto está perdida o es casi inexistente, por lo que se limitará a hablarse de una 'trinidad'.
El Hanan pacha es el tiempo futuro, simbolizado por el círculo exterior. Es el lugar por donde vamos a pasar, pero que ya existe o está existiendo. Es el mundo que está fuera del aquí y el ahora. Se considera que nunca hay un 'ser' estático, todo está en constante cambio, con el tiempo fluyendo de adentro hacia afuera o de adelante hacia atrás, regresando en ciclos permanentes.
El círculo interior simboliza el uku pacha, expresando el interior mismo o el pasado en general, lo que fluye del interior del tiempo y el espacio, el mundo que no se puede ver.
El kay pacha está representado en el círculo del medio, es el puente o umbral de tránsito cognoscible entre las dos esferas, pero que ocupa o capta nuestra consciencia. El kay pacha recuerda con nuestra consciencia al uku pacha de donde proviene, pero ve al hanan pacha que es a donde marcha. Esta es la manera de conceptualizar el tiempo, llamado por los puqinas Wiñay, que significa eternidad. Este tiempo está representado por una serpiente de dos cabezas o dos serpientes entrelazadas, las cuales se reconocen como amaros o chocoras, una con la cabeza en el uku pacha y la otra con la cabeza en el hanan pacha. Esto representa la oscilación eterna del tiempo, que va de la esfera pequeña a la grande, y que tiene el ombligo o estómago en la esfera que representa nuestra conciencia, o el kay pacha. La conciencia puede ampliarse (anchando su banda) o puede reducirse, pero nos recuerda que nunca debemos alejar el estómago del aquí y el ahora, porque este error es la principal fuente del desequilibrio y, por lo tanto, la enfermedad.
El tiempo, según la teosofía andina, es un concepto que se experimenta tanto en el interior como en el exterior, fluyendo y oscilando con cada vez mayor fuerza, como el amaro que gira en espiral, ampliando su tamaño.
Los sacerdotes Altomisayoc describen un sistema de "chakras", o las pachas incorporadas al cuerpo humano, cada una con un principio específico.
El principio Munday, o el principio del deseo y el amor, o de la voluntad consciente, correspondería a la zona púbica o el aparato reproductor, representado por una cueva. Aquellos que cultivan mucho el Uku Pacha se convierten en Munayniyoq y pueden utilizar la magia con su capacidad y potencia para sentir y proyectar la fuerza del munay, e incluso podrán volar en alas de la pasión organizada que crea nuestra cultura.
El segundo principio es el del Llankay o Ruay, que se refiere al actuar o trabajar, situado en el Kay Pacha, representado por una red o maya. En el organismo humano, este principio abarca la zona del pecho, el ombligo, el estómago y el corazón, que son los órganos que nunca dejan de trabajar. Quienes cultivan esta zona serán Llankayniyoq, equilibrados eternos del mundo, aunque un exceso de equilibrio también puede causar daño al inmovilizar.
El tercer principio es el Yachay, o el conocimiento/sabiduría, asociado al Hanan Pacha en la cabeza. Aquellos que lo cultivan son Yachayniyoq, seres pensantes, grandes teóricos que describen razones y palabras, pero no mucho más.
Los Amaro Runa son los humanos que logran la perfección en los tres Pachas, transitan libremente por el Qhapaq Ñan y son los amautas de la escuela andina o Qhapaq cuna. Estos símbolos y su relación interactiva son métodos de conocimiento, también expresados en la arquitectura.
Los sacerdotes andinos o Altomisas utilizan métodos de curación basados en las Pachas o en estructuras más complejas. El principio fundamental trata sobre los dos extremos, munay y yachay, o el sentimiento y el conocimiento, equilibrados por la realidad del ruay o llankay, es decir, el hacer cotidiano o el trabajo diario. La fuerza del sacerdote proviene de su capacidad para entender qué parte del enfermo está desequilibrada en sí misma o no vibra en armonía con el kay pacha. El sacerdote intentará devolver al enfermo al orden andino o natural.
La teosofía andina se basa además en un dualismo, el yanantin (negro y blanco), que representa un equilibrio a partir de la oposición complementaria. Este concepto se centra en un todo armonioso, donde las partes no son enemigas intrínsecas sino complementarias y esenciales. El yanantin se enfoca en las cualidades que unen a los seres, reconociendo que juntos son más grandes, ya que cuando hay otro, representa una fuerza para ambos.
Masintin es el proceso mediante el cual el yanantin se reduce, siendo la experiencia de la relación yanantin materializada en frutos, el masintin. Este concepto implica materializar, crear y procrear a partir del espíritu y la esencia de las cosas, no solo quedarse en la teoría, sino entrar en la realización concreta.
De aquí surge la esencia del emparejamiento en la teosofía andina, junto con las bases para sus ciencias, cultivos, administración y gobierno, entre otros aspectos. Como meta final de la vida se encuentra el Sumak Kawsay, vivir en armonía con la naturaleza, y enfrentar el destino por el cual, después de la muerte, se renace en una nueva vida.
A través de ritos y leyendas, entrelazados en lo más profundo, se conservan diversos sistemas que aún permanecen ocultos en las entrañas más profundas de nuestro país.





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